Llega un punto en toda relación fallida, que no te queda nada que dar. Las cosas se rompen, y por mas que trates de pegarlas, no hay suficiente material en el mundo. Llámalo falta de ganas, falta de amor, desconfianza, miedo, cansancio.
Pueden ser circunstancias mucho mas complejas, que no tienen nada que ver con desamor, puede ser el tiempo, la falta de espacio, puede ser que alguien no esta listo, y tu si.
Por mucho tiempo, me agarre de esta relación con las dos manos, con todas mis fuerzas, pensando que si yo ponía todo de mi parte, cuando él estuviera listo, tomaría la cuerda con sus dos manos también. Mientras, yo evitaba que se hundiera el barco.
No me arrepiento, creo que uno cuando ama, hace todo lo que esta en su poder para no soltar lo que en ese momento cree que lo es todo. Creo que si no hubiera hecho este esfuerzo, si no me hubiera doblegado por amor, si no hubiera perdonado y olvidado, seguiría pensando que el amor de mi vida esta allí afuera, y seguiría esperando en silencio un futuro con él.
Todo cuerpo se cansa, y el alma, el alma se cansa también. Se desgasta. Y creo que en mi caso llegó hasta a romperse. A veces volteo hacia atrás y pienso: ¿valía la pena esforzarse tanto? Si hubiera entendido, si hubiera soltado al mismo tiempo que él, sería feliz el día de hoy?
Creo que me puedo contestar a mi misma diciéndome esto: el esfuerzo que hice, fue propio y fue por amor. Mi corazón y mi mente entienden que no pude hacer mas. Que se me acabaron las opciones, se me acabaron las palabras, se me acabaron las lágrimas y a partir de eso, se me acabó el amor. No por ego, rechazo, o falta de reciprocidad, si no, por que no tengo mas que dar, y eso, es lo mas liberador que me ha podido pasar. Esa es la seguridad que buscaba, claro, la buscaba en él. En sus palabras, en sus acciones, en su amor. Pero la encontré en un lugar mejor. En mi misma.
Ahora estoy segura, que aunque se quedo un pedazo de mí, no estoy incompleta. Que aunque me siento rota, me puedo volver a armar. Se que se amar mucho, que valgo lo doble y merezco lo triple.
Y con eso, cuando no te queda nada, quedas tú. Y sigues caminando. Y aprendes a ser feliz, con todos tus pedazos, los que tienes tú y los que se quedo él-
Pueden ser circunstancias mucho mas complejas, que no tienen nada que ver con desamor, puede ser el tiempo, la falta de espacio, puede ser que alguien no esta listo, y tu si.
Por mucho tiempo, me agarre de esta relación con las dos manos, con todas mis fuerzas, pensando que si yo ponía todo de mi parte, cuando él estuviera listo, tomaría la cuerda con sus dos manos también. Mientras, yo evitaba que se hundiera el barco.
No me arrepiento, creo que uno cuando ama, hace todo lo que esta en su poder para no soltar lo que en ese momento cree que lo es todo. Creo que si no hubiera hecho este esfuerzo, si no me hubiera doblegado por amor, si no hubiera perdonado y olvidado, seguiría pensando que el amor de mi vida esta allí afuera, y seguiría esperando en silencio un futuro con él.
Todo cuerpo se cansa, y el alma, el alma se cansa también. Se desgasta. Y creo que en mi caso llegó hasta a romperse. A veces volteo hacia atrás y pienso: ¿valía la pena esforzarse tanto? Si hubiera entendido, si hubiera soltado al mismo tiempo que él, sería feliz el día de hoy?
Creo que me puedo contestar a mi misma diciéndome esto: el esfuerzo que hice, fue propio y fue por amor. Mi corazón y mi mente entienden que no pude hacer mas. Que se me acabaron las opciones, se me acabaron las palabras, se me acabaron las lágrimas y a partir de eso, se me acabó el amor. No por ego, rechazo, o falta de reciprocidad, si no, por que no tengo mas que dar, y eso, es lo mas liberador que me ha podido pasar. Esa es la seguridad que buscaba, claro, la buscaba en él. En sus palabras, en sus acciones, en su amor. Pero la encontré en un lugar mejor. En mi misma.
Ahora estoy segura, que aunque se quedo un pedazo de mí, no estoy incompleta. Que aunque me siento rota, me puedo volver a armar. Se que se amar mucho, que valgo lo doble y merezco lo triple.
Y con eso, cuando no te queda nada, quedas tú. Y sigues caminando. Y aprendes a ser feliz, con todos tus pedazos, los que tienes tú y los que se quedo él-
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