Para mi, la palabra ansiedad no es novedad. No es uno mas de los temas que aprendí en la carrera de medicina. No es una patología más que tuve que memorizar su etiología y tratamiento.
Para mí, ansiedad es mi compañera de vida. Desde los 9 años, la palabra ansiedad me persigue para todos lados. Una amistad, una relación, un exámen, un viaje. He aprendido a convivir tanto con ella, que podría llamarla amiga. Esa amiga incómoda que te justifica todos tus miedos, que te justifica la depresión, la soledad y los fracasos.
Es que soy ansiosa..es que no quiero ir por que no quiero conocer a nadie nuevo.. es que, es que... ¿que tal si no paso ese examen? ¿que tal si no soy suficiente? ¿que tal si me deja por otra? ¿que tal si me rompe el corazón?
Mi vida entera se basa en el que tal, y los hubieras. ¿Que tal si pasa esto? ¿Que tal si pasa aquello? Uno va por la vida de la mano de su ansiedad, justificando el miedo a perder, miedo a sentir, miedo a crecer. Y luego casi siempre por default, llegan los hubiera. Me hubiera arriesgado, hubiera ido, hubiera conocido, no hubiera dejado pasar tanto tiempo.
La primera vez que me enfrente a mi ansiedad, ya tenia 25 años. Ya había dejado pasar muchas oportunidades, ya me había metido el pie varias veces. Ya me había enojado con ella. Me permitió perder tantas cosas. Me hizo faltar al trabajo. Me hizo pelear por razones y miedos injustificados. Me hizo alejarme de los que más me querían. Y peor, hizo que ellos se quisieran alejar de mí.
Y es que uno se acostumbra. Claro, vives con ella, creces con ella... ¿como puedes enfrentarte a tu monstruo? ¿te atreves?
No he ganado la batalla, todos los días tengo que pelear con ella para saber si me voy a levantar o no. Todos los días trato de convencerla de que podemos vivir sin él, que no nos hace daño haberlo perdido. Pero ella me grita diciéndome que voy a estar sola, que él era el amor de mi vida y que no voy a encontrar algo igual, por que eso, solo se vive una vez. Yo le trato de explicar que no es cierto. Ella me dice que no puedo pasar el ENARM, que no tengo la disciplina. Yo le contesto que si puedo, que me estoy preparando y que si soy capaz. Ella dice que no tengo familia, yo le digo que mi mamá va a mejorar, que mi papá se va a dar cuenta.
Y así, todos los días le hago frente. Y cuando se cansa de escucharme, se va. Ese día, las piernas me reaccionan, ese día me levanto y escucho el silencio de la libertad. Escucho el silencio de que gané la batalla. Me doy palmaditas en la espalda, por que sí, ya no le tengo miedo. Ya se como pelearme con ella, ya se defenderme. Y aunque no siempre le gano, se que ahora ella, también me tiene miedo a mí.
Para mí, ansiedad es mi compañera de vida. Desde los 9 años, la palabra ansiedad me persigue para todos lados. Una amistad, una relación, un exámen, un viaje. He aprendido a convivir tanto con ella, que podría llamarla amiga. Esa amiga incómoda que te justifica todos tus miedos, que te justifica la depresión, la soledad y los fracasos.
Es que soy ansiosa..es que no quiero ir por que no quiero conocer a nadie nuevo.. es que, es que... ¿que tal si no paso ese examen? ¿que tal si no soy suficiente? ¿que tal si me deja por otra? ¿que tal si me rompe el corazón?
Mi vida entera se basa en el que tal, y los hubieras. ¿Que tal si pasa esto? ¿Que tal si pasa aquello? Uno va por la vida de la mano de su ansiedad, justificando el miedo a perder, miedo a sentir, miedo a crecer. Y luego casi siempre por default, llegan los hubiera. Me hubiera arriesgado, hubiera ido, hubiera conocido, no hubiera dejado pasar tanto tiempo.
La primera vez que me enfrente a mi ansiedad, ya tenia 25 años. Ya había dejado pasar muchas oportunidades, ya me había metido el pie varias veces. Ya me había enojado con ella. Me permitió perder tantas cosas. Me hizo faltar al trabajo. Me hizo pelear por razones y miedos injustificados. Me hizo alejarme de los que más me querían. Y peor, hizo que ellos se quisieran alejar de mí.
Y es que uno se acostumbra. Claro, vives con ella, creces con ella... ¿como puedes enfrentarte a tu monstruo? ¿te atreves?
No he ganado la batalla, todos los días tengo que pelear con ella para saber si me voy a levantar o no. Todos los días trato de convencerla de que podemos vivir sin él, que no nos hace daño haberlo perdido. Pero ella me grita diciéndome que voy a estar sola, que él era el amor de mi vida y que no voy a encontrar algo igual, por que eso, solo se vive una vez. Yo le trato de explicar que no es cierto. Ella me dice que no puedo pasar el ENARM, que no tengo la disciplina. Yo le contesto que si puedo, que me estoy preparando y que si soy capaz. Ella dice que no tengo familia, yo le digo que mi mamá va a mejorar, que mi papá se va a dar cuenta.
Y así, todos los días le hago frente. Y cuando se cansa de escucharme, se va. Ese día, las piernas me reaccionan, ese día me levanto y escucho el silencio de la libertad. Escucho el silencio de que gané la batalla. Me doy palmaditas en la espalda, por que sí, ya no le tengo miedo. Ya se como pelearme con ella, ya se defenderme. Y aunque no siempre le gano, se que ahora ella, también me tiene miedo a mí.
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