¿Como dejar ir, a algo que nunca tuviste?
- No me dolió lo suficiente cuando tenía que haberme dolido. En el momento en que debí haber sentido un dolor verdadero, reprimí sentimientos de vital importancia. Rehuí a encontrarme frente a frente con la verdad por que no quería asumir algo tan intenso y, debido a ello, he cargado con un corazón roto, vacío. -
Fue hace tres años, y lo pienso como si fuera hoy. Lo sueño, lo añoro, lo sufro como si estuviera todavía en esa sala de hospital, sola. Como si pudiera repetirlo una y otra vez, para cambiar el desenlace de ese día. Es muy fácil decir que Cristian me rompió el corazón. Que mi obsesión por el amor de mi vida ha llegado al punto de ser trágica y vergonzosa. Pero, que dirías si por mi miedo a aceptar o por mi miedo a perder, he ocultado sentimientos y situaciones que si son trágicas y vergonzosas. Que la trágica no soy yo, si no lo que me ha pasado.
No se como dejar ir algo, que jamás tuve. No se como dejar ir una idea, una ilusión. No me voy a poner a escribir mentiras diciendo que es algo que siempre quise, pero espero que me creas, que jamás lo quise perder. Por mucho tiempo quise culparme. Diciéndome a mi misma que las energías son fuertes, y que tal vez mi deseo por no ser mamá fue cumplido por tanto negarlo. Otras veces pienso que las cosas pasan por algo, que hay algo, llamale dios, cosmos o destino, que me esta cuidando. Y que sabe, que mi camino no iba por ahí. Al menos no en ese entonces. También a veces me pongo a pensar, que no hay ley cósmica, no hay castigo de dios y simplemente fue suerte, biología y estadística.
Lo que haya sido.
Lo importante es que no está. No pasó. Y que el tiempo que sentimos ese miedo cubierto de emoción, se pasó fugaz, rompiendo todo a su paso, y dejándonos sin nada. Hay una teoría en medicina que habla sobre tu respuesta a una situación que compromete tu vida, y aunque hacer una familia juntos no era realmente el final de nuestra vida, se sentía como eso. Se sentía el final de mi carrera y mis sueños, el final de la relación de Cristian con Paulina, y el final de su juventud. Se sentía como forzar al destino a darnos una oportunidad. Cuando la mente no sabe que hacer, entra el cuerpo. Y casi por instinto, se activa nuestra respuesta: o corres, o peleas.
En ese momento, yo decidí pelear. Cristian decidió correr. No puedo pensar en algo más doloroso. No me imagino una lección de vida mas fuerte. Vienes solo, te vas solo. No te ama. No quiso crecer contigo. No supo perder, lo que nunca tuvo. Pero, quien dice que yo si, que yo hice lo correcto, que después de haber perdido esa parte de mí, enterrarla en lo más dentro de mi corazón no fue correr también? Quien dice que a tres años de esta pérdida, no haberle contado a nadie, no es huir? Claro, la corrida de Cristian fue más evidente, no estuvo ahí, no conoció el dolor, y cuando ya no había nada que perder, hizo caso a sus instintos y se dejó regir por el miedo de crecer. Crecer sin mi, crecer conmigo.
Ese día para mí es un parteaguas en como fue terminando nuestro amor. Es el inicio del final. Como respetas a alguien que te dejó sola? Tal vez lo amé de más, o tal vez el miedo a aceptar lo que hizo me ha permitido justificar sus acciones. Era un niño, yo también lo era. El estaba confundido de a quien amaba, yo no. Justifique su miedo, por que ni siquiera yo, que presumía haber crecido, pude hacer frente a una situación donde perdí lo que nunca quise.
Si me pongo a hacer conciencia, me puedo dar cuenta que así como ese día me cambió a mi, dejándome vacía y caminando en cámara lenta por mucho tiempo, lo cambió a él también. Hoy, puedes notarlo en sus ojos. La vergüenza, el miedo a comprometerse, el miedo a hacerme daño. Puedes verlo en su cara, puedes sentir un vacío, puedes sentir como tus palabras, tus llantos, tus promesas, se le resbalan. Hoy entiendo que tal vez, aunque Cristian no vivió el duelo de perder un bebé, vivió el duelo de perderse a sí mismo. Y eso, a veces puede doler más.
Desde ese dia, el camino ha sido largo. He pasado por tantas facetas, desde la autodestrucción hasta la búsqueda de la verdad, en la iglesia, en una sonrisa, en una hoja y papel, con psicologo, con psiquiatra, incluso la he buscado en los ojos de Cristian.
No he podido encontrar una razón, un por que de todo esto. Entonces decidí inventarme uno. Las cosas pasan por algo. Fue un despertar. Fue una manera de sacudirme para entender que mi vida va mucho mas allá de Cristian, mas allá de mi carrera, mis planes, mi futuro y mi egoísmo. Fue una cachetada de verdad, en la que entiendo que soy más que yo misma. Soy mas que una hija, una pareja, una hermana o una amiga. Soy una mamá. Soy una mamá de un bebito, que no he podido dejar ir, por que dime, ¿cómo dejas ir a algo que nunca tuviste?
- No me dolió lo suficiente cuando tenía que haberme dolido. En el momento en que debí haber sentido un dolor verdadero, reprimí sentimientos de vital importancia. Rehuí a encontrarme frente a frente con la verdad por que no quería asumir algo tan intenso y, debido a ello, he cargado con un corazón roto, vacío. -
Fue hace tres años, y lo pienso como si fuera hoy. Lo sueño, lo añoro, lo sufro como si estuviera todavía en esa sala de hospital, sola. Como si pudiera repetirlo una y otra vez, para cambiar el desenlace de ese día. Es muy fácil decir que Cristian me rompió el corazón. Que mi obsesión por el amor de mi vida ha llegado al punto de ser trágica y vergonzosa. Pero, que dirías si por mi miedo a aceptar o por mi miedo a perder, he ocultado sentimientos y situaciones que si son trágicas y vergonzosas. Que la trágica no soy yo, si no lo que me ha pasado.
No se como dejar ir algo, que jamás tuve. No se como dejar ir una idea, una ilusión. No me voy a poner a escribir mentiras diciendo que es algo que siempre quise, pero espero que me creas, que jamás lo quise perder. Por mucho tiempo quise culparme. Diciéndome a mi misma que las energías son fuertes, y que tal vez mi deseo por no ser mamá fue cumplido por tanto negarlo. Otras veces pienso que las cosas pasan por algo, que hay algo, llamale dios, cosmos o destino, que me esta cuidando. Y que sabe, que mi camino no iba por ahí. Al menos no en ese entonces. También a veces me pongo a pensar, que no hay ley cósmica, no hay castigo de dios y simplemente fue suerte, biología y estadística.
Lo que haya sido.
Lo importante es que no está. No pasó. Y que el tiempo que sentimos ese miedo cubierto de emoción, se pasó fugaz, rompiendo todo a su paso, y dejándonos sin nada. Hay una teoría en medicina que habla sobre tu respuesta a una situación que compromete tu vida, y aunque hacer una familia juntos no era realmente el final de nuestra vida, se sentía como eso. Se sentía el final de mi carrera y mis sueños, el final de la relación de Cristian con Paulina, y el final de su juventud. Se sentía como forzar al destino a darnos una oportunidad. Cuando la mente no sabe que hacer, entra el cuerpo. Y casi por instinto, se activa nuestra respuesta: o corres, o peleas.
En ese momento, yo decidí pelear. Cristian decidió correr. No puedo pensar en algo más doloroso. No me imagino una lección de vida mas fuerte. Vienes solo, te vas solo. No te ama. No quiso crecer contigo. No supo perder, lo que nunca tuvo. Pero, quien dice que yo si, que yo hice lo correcto, que después de haber perdido esa parte de mí, enterrarla en lo más dentro de mi corazón no fue correr también? Quien dice que a tres años de esta pérdida, no haberle contado a nadie, no es huir? Claro, la corrida de Cristian fue más evidente, no estuvo ahí, no conoció el dolor, y cuando ya no había nada que perder, hizo caso a sus instintos y se dejó regir por el miedo de crecer. Crecer sin mi, crecer conmigo.
Ese día para mí es un parteaguas en como fue terminando nuestro amor. Es el inicio del final. Como respetas a alguien que te dejó sola? Tal vez lo amé de más, o tal vez el miedo a aceptar lo que hizo me ha permitido justificar sus acciones. Era un niño, yo también lo era. El estaba confundido de a quien amaba, yo no. Justifique su miedo, por que ni siquiera yo, que presumía haber crecido, pude hacer frente a una situación donde perdí lo que nunca quise.
Si me pongo a hacer conciencia, me puedo dar cuenta que así como ese día me cambió a mi, dejándome vacía y caminando en cámara lenta por mucho tiempo, lo cambió a él también. Hoy, puedes notarlo en sus ojos. La vergüenza, el miedo a comprometerse, el miedo a hacerme daño. Puedes verlo en su cara, puedes sentir un vacío, puedes sentir como tus palabras, tus llantos, tus promesas, se le resbalan. Hoy entiendo que tal vez, aunque Cristian no vivió el duelo de perder un bebé, vivió el duelo de perderse a sí mismo. Y eso, a veces puede doler más.
Desde ese dia, el camino ha sido largo. He pasado por tantas facetas, desde la autodestrucción hasta la búsqueda de la verdad, en la iglesia, en una sonrisa, en una hoja y papel, con psicologo, con psiquiatra, incluso la he buscado en los ojos de Cristian.
No he podido encontrar una razón, un por que de todo esto. Entonces decidí inventarme uno. Las cosas pasan por algo. Fue un despertar. Fue una manera de sacudirme para entender que mi vida va mucho mas allá de Cristian, mas allá de mi carrera, mis planes, mi futuro y mi egoísmo. Fue una cachetada de verdad, en la que entiendo que soy más que yo misma. Soy mas que una hija, una pareja, una hermana o una amiga. Soy una mamá. Soy una mamá de un bebito, que no he podido dejar ir, por que dime, ¿cómo dejas ir a algo que nunca tuviste?
Comentarios
Publicar un comentario